viernes, 12 de junio de 2020

Cordón umbilical


Como suele ser habitual y sobre todo en los grandes momentos de la historia, el ser humano siempre tiende a barajar la positividad frente a la cruda realidad que nos envuelve. La pandemia del Covid-19 nos ha marcado a todas/os de especial forma y manera, dejando en los meses del calendario un reguero de duelo, de incertidumbre, pero también de solidaridad y de esperanza. Han sido días de inquietudes y de desvelos constantes, de dejar pasar el tiempo sumida en la tensión y en la distancia.
Hoy doce de junio, me consuela y agradezco el hoy por hoy; pero sobre todo me satisface y me llena de orgullo ese  -cordón umbilical - por el cual seguimos   “respirando   juntos”.
Me conmueve leer que a través de los mensajes de WhatsApp con mi hija de algún Zoom que otro y de recetas compartidas nos hayamos podido sentir más cerca, estando separadas por kilómetros de distancia.
Recibir un mensaje de mi hijo que ha entrado a una librería en Madrid y que ha sentido mi presencia entre los libros, es la más hermosa definición que se puede deducir de esta terrible epidemia.

¿Quién afirmó que al cortar el cordón umbilical dejamos de percibir su flujo sanguíneo?












lunes, 13 de abril de 2020

Un extraño mes de abril




Os voy a contar la historia de una triste pandemia
cuando un terrible virus irrumpió en el planeta.

Corría la primavera del año dos mil veinte
ciertos humanos ya predijeron de ser un año diferente.

Los años bisiestos considerados fatales
increíbles creencias para muchos de los mortales.

El estado de alarma fue impuesto a sus gentes
se cerraron parques y escuelas y todo cambio de repente.

Así contaba el suceso una fugaz golondrina
que detuvo un día el vuelo posada sobre la Ermita.

Los gorriones la escuchaban sin parar de dar saltitos
¡menuda tranquilidad irrumpió el más gordito!

Una alondra que pasaba se detuvo en el Altico
y observó con añoranza la ausencia de los chiquillos.

Metidos en conversación decidieron unir sus vuelos
y así fue como descubrieron el clamor de todo un pueblo.

A diario los balcones desterraban el silencio
con vítores a sanitarios, policías y bomberos.

Los más pequeños mostraron un coraje ejemplar
amplios arcoíris pintados con un lema singular.

#YomeQuedoenCasa  o  #Covid-19TeVamosaGanar

Y aunque resulte extraño hay que admitir abiertamente
que la naturaleza recuperó su ritmo de forma paulatinamente.

Y las personas comprendieron la transcendencia de poder sanar
sin olvidar la pandemia y el mensaje de saber amar.




Pilar Contreras Moreno