lunes, 6 de febrero de 2017

El banco del olvido




Cansada de mi trayecto
regresé pasado un tiempo,
mis pasos retrocedían
al compás de los recuerdos.

La negra noche me trajo
infinidad de lluvias latentes,
insomnios de madrugada
refugio de adolescentes.

Comprobé al pisar el parque
una aguda sensación extraña,
sobrecogedoras imágenes
en un destierro de placeres.

Diminutas acerolas
yacían secas por el suelo,
hastiada la misma vida
proseguía con su silencio.

Junto a la espesa hiedra sombría
reinaba un claro desaliento,
el olvido pasó factura…
sobre el mágico jardín secreto.


©Pilar Contreras Moreno








 

jueves, 19 de enero de 2017

Aquellos fríos inviernos



Por supuesto que hace frío!!!
No lo pienso discutir y según las previsiones,
lo más duro está por venir.
Las nacidas en los años sesenta ya hemos vivido alguna que otra fuerte inclemencia, gélidos inviernos que a su crudo paso hacían tiritar hasta las piedras.
Calcetines altos y falditas cortas, presumiendo de ser una chica yé-yé.
Desde la goma exacta, donde finalizaba la lana del calcetín, la rodilla y el resto de extremidades era un bloque de hielo, que solía derretirse al entrar el mes de abril, incluso mi madre obsesionada por mi extrema delgadez aseguraba mi supervivencia con una bolsa de agua hirviendo…reanimando así los  contraídos pies.
En los botijos de barro era hazaña casi imposible intentar saciar la sed, tuberías reventadas protegidas por recio y oscuro papel. Sobre el alero de los tejados punzantes chuzos de hielo colgaban con enorme longitud, robustos muñecos de nieve predecían por las esquinas  que aquellas rachas de viento y sus terribles fríos polares serían recordados por alguno de sus mortales.



©
Pilar Contreras Moreno