martes, 6 de septiembre de 2016

El bueno de San Andrés





El silencio y la duda eran visibles y concretos,
los paraguas afloraban…
 y las gotas aumentaban por momentos.

Con cara de circunstancia desconforme andaba  el clero,
las autoridades inmóviles contemplaban el amplio revuelo.

Congregados los feligreses unían enérgicos sus rezos,
mientras un discreto poeta bajaba la mirada al suelo.

En más de setenta años habidos y por haber,
nadie escribió un poema al bueno de San Andrés.

Ilusionado estaba el Santo tras recibir un poema,
más sin consultar con él lo archivaron en la carpeta.

Qué la lluvia limpie y purifique…
cavilaba pensativo San Andrés,
algo molesto y descontento por el dichoso traspiés.

A hurtadillas el poeta recitó con voz tenue al Santo,
más por orden divina del cielo la lluvia seguía manando.

Tan solo el poeta y el Santo comprendían aquel tumulto,
más nadie entendió en concreto
 la peculiaridad del asunto.

Tomen nota señores de este enojoso agravio…
jamás un sencillo verso se le debe privar a un Santo.



©Pilar Contreras Moreno